Crónica de un adiós.

Y entonces te pusiste sobre frente a su cama, arrepentido de no poder decirle adiós, mirando, con un nudo en la garanta, con las lágrimas rodando, con tu carácter de viejo fuerte y tus canas respaldando tus palabras, con tu llanto de niño por el niño que se te ha ido, con la suerte de haber tenido ese ángel, pero con el infortunio de haber sido tu quien aprendiste en vez de enseñar, mi niño chulo le decías, mi tío yo le llamaba y mi padre se lo llevaba…

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