The woman who gives her love…

Pensé que había pasado lo peor, pensé que todo estaba listo para cuando te fueras. Me equivoque en el calculo, no calcule el riesgo, me falto agregar la variable “humana” en mi ecuación.

Nuevamente nos vemos el y yo, con su canas y su temple de fortaleza diezmado por la enfermedad pero más por el dolor, yo se bien que su fuerza se fue a las 9 am de un domingo 5 de marzo. El sabe que las cosas no iban a ser fáciles, pero no imagino cuanto.

Volvemos a entender la fragilidad de las personas, vuelvo a entender que pesa más la ausencia que la partida, vuelvo a entender que las cosas son peores cuando estas preparado por que sabes cuanto es lo que dolerá.

Aún cuando ya me había despedido de ti, cuando te di las gracias por todo y por lo que aún no sabría que vendría, por todo lo que fuiste y todo lo que me hiciste ser, sabía que no era suficiente, sabía que quería parar tu dolor, ser parte de tus últimos días y ser parte de todo lo que en esas ultimas horas te pasara para poder acompañarte, cumplí tu promesa que hace unos años me dijiste, pero con todo el dolor del corazón, tuve que cumplirlo, con amor y con compasión.

Que irónico que todos quisieran tenerte un poco más pero que duro era saber que no se podía porque eso implicaba hacerte sufrir aún más. peleaste y te fuiste como guerrera. Por que nunca supiste la realidad que te envolvió, te hiciste la fuerte para no preocupar a los que te rodearon y hasta el ultimo suspiro, sabía que ahora teníamos que arreglárnoslas sin ti.

Hasta hoy sigo haciéndome a la idea de que voy a llegar a tu casa y no estarás con una sonrisa en la puerta ni diciéndome “Carlitos”. Y sabes, no quiero hacerme a la idea pero no tengo de otra, ya no estas, que ya no estará quien me de todo su amor aún si no lo tenia disponible en ese momento porque lo ocupaba para quienes le platicaban sus cosas en el hospital, ella era antes que los demás, ella era la mujer que le dío a todos su amor, la que sin reparo y sin restricción te daba lo que le pedías, que no tiene comparación, que no hay quien la supla, la mujer que entrego todo sin pedir nada a cambio, la mujer que estuvo en las buenas y las malas, la mujer que me dijo, ” fuiste el milagro que en mi vida esperaba”. Tu, mi segunda madre. Mi tía. Guille.

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